martes, 20 de febrero de 2018

Un homenaje a esta lengua patrimonial nuestra que vive en la tormenta intespestiva que nos maltrata. 

X A R A Z Á

Un cuerpo aterido. El señuelo y un alma de algodón. El murmullo
del viento con frío y el granizo atemperando  la ira del corazón:
en el camino, por un instante, un nombre para un paraje
y esa sangre fluida para el recuerdo en aquella xarazá.
  
Imprevista y  oculta a los ojos de la razón,
llega y me empapa de los que fueron aquí,
en el momento, antes que yo y la sufrieron y la hicieron
palabra que anida donde otras,  en su compañía,
como acervo del pasado con rescoldos del amor.

Como  xanzaina y  cientos  más que son latín con toques
 de imaginación;   me llegan y  pasan como las nubes
que respiran agua como las sombras del viento. Siempre
estuvieron. Arrebujadas en el silencio, son  
fuego con  hambre en el llar cuando la noche
abriga con  su  calor la salmodia del  calecer.

 Y seguirán y harán tiempo para ser mañana
hasta la lentitud que se esconde en  labios con  sabor a miel.   

domingo, 11 de febrero de 2018





V E N T I S C A: todos quieren estar.

                             Y Dios dirá que está siempre callado. M. Hernández.

En rotación como las ventiscas de tus palabras, un variado ejército
me picotea el alma como si fuese la aurora. Picotean los recuerdos
como si fuesen estrellas  que quitan los calcetines a los nombres
que fueron y que me acechan  para quedarse,  por siempre,
en las aristas de la casa donde el cobijo es la memoria. Lo saben y   
retornan y hacen malabares con mi soledad y el silencio 
para que los recobre y haga presencia donde fueron y quieren estar:
Tal es el lugar que yo me sé[1], como diría Vallejo, y se lo digo
y ellos lo saben también: los álamos de La Huerta, donde
 los cuervos otean la lluvias y las venticas que abren la primavera;
esos álamos llevan el nombre en las hojas del tíu Pachu
quien  sabía del retén de sus raíces contra el afán de la tierra  
por  buscar los  horizontes  allí  donde sí  los   hubiera. 
Los mismos  que busca Frutos entre la hiedra que los abarca
como se abrazan el fuego y el grisú que beben 
sólo  la  sangre minera. Allí quedaste y se fueron al traste
del tiempo  y  con las manos vacías las esquinas que labraste
para  confiar, ay, la vida de los retoños  que llegan.

Pero todos quieren estar: estridente, el mirlo,  con sus gritos,
sin picar llama a la puerta y se ríe de los gatos a los que llama
mininos y no lo entienden. Y la perra de Ramón corre como loca
si la llamo con un trozo de pan, y me dice que la lleve
a ver a las vacas para salir de las penas que pesan como las piedras
que son rateras del hórreo. Y cuando encubro y me pierdo
en el murmullo del agua que me regala La Fuente,  llega Mor
con su mirada  y la vejez  apoyada en el destino
lleno de tantas fatigas como años y risas tiene la pena.
A partir de entonces y sin presente, son minúsculos los nombres
de los que hacen, sin forma,  el camín de La Caleya:
un laurel y los bistechos  son refugio,  color y sombra,
nostalgia de  aquellos tiempos que fueron. 






[1] C. Vallejo. Trilce, poema. 

viernes, 9 de febrero de 2018





la hoja en blanco.


Esta nevada  que nos amarra al palo mayor de los días con sus noches,  y esconde en el párpado la mitad de las palabras que necesitamos para  caminar; estas nevada, que  me  roba tu ausencia, arde fría  en el corazón;  esta nevada, como introito a la primavera y a las risas que nos esperan,  nos traerá el canto de los pájaros y la flores del cerezo, impacientes  al regazo y al tacto con un  sabor a expensas  del mañana.
El que dice esta canción:


Si vienes mañana a verme
y me traes tres palabras
que hablen de lo que fuimos
cuando  la nieve era blanca,
entonces valió la pena
que se rompiera mi alma
como  los fríos carámbanos
cuando buscan las miradas
que  esperan , cuando se caen,
para ser de nuevo el agua:
volver y esperar es todo,
un destino  sin patrañas
que hará mil flores y frutos
por mucha nieve que caiga.


 Esta nevada, ya ves que inesperada, en el febrero del dieciocho, es  oportuna
como la sed, aunque sólo Dios  conoce los derroteros que se pueden derivar.

¡Esta  nevada y los quistes de un corazón! ¡Ay esta nevada! 

domingo, 4 de febrero de 2018

 En España, una mayoría lee poco y una minoría lee demasiado. ¿Hasta cuándo este desequilibrio?




Mis  libros, los libros.

Nunca  fue un  desamor desabrido,  en el tiempo, ajeno
a los latidos de un corazón; nunca ninguno, en todos los días,
fue repelente al tacto; nunca todos, en números, fuisteis
ni poco ni mucho ni algo o bastante; como el aire del alma,
disteis vida a los enigmas, del amarillo al blanco o viceversa,
que,  sin tregua ,  traía la responsabilidad  del vivir: sus avatares
o las sombras de Caín y los entrañables misterios
de los corazones rotos; erais  el campamento,
la fortaleza mejor,   donde el futuro oculta la esperanza,
siempre rijosa y contra sí misma; erais la farmacopea
de papel con las palabras justas para el amor en el mantel
de la frialdad, con páginas y apellidos  que dignifican
los componentes de ceniza que nos arden por condición.

¡Mis libros! Los libros todos que son mis dedos
y la sangre de mi memoria  o  la madre del recuerdo
casi, como el sudor, cuajado  en los poros de mi  piel.
¡Mis libros! ¿ Dónde vuestro destino cuando 
las caricias sean fruto de vuestra soledad?
Me llevareis, sin embargo, en vuestro silencio
 y en la espera de unos ojos que os vuelvan a mirar.

jueves, 1 de febrero de 2018


Un aire habitado.



Aquí en Reconcos, en plenitud de soledad con  mis  palabras y los colores, busco los rincones donde alguna astilla  lleve el nombre o la sangre o las risas o el tacto que me sirvan para una esquina de la biografía contra el tiempo y  la parsimonia del vivir: te espero como si no fueras;  revuelvo y rebusco  para insistir mi existencia con la ausencia tuya que me atenaza para que tanto olvido no  sea leyenda. Para que las aguas que corren por  nuestros dedos, nunca  sean estancas en las olas sin nombre que llegan  del horizonte.

Sí. Aquí y ahora,  en Reconcos, donde reposan los frutos y las almas hilvanadas  por las vidas sin miradas que me precedieron,  desde siempre hasta ahora; aquí, en Reconcos,  me dan vida y  presencia  tantos árboles que  sonríen cuando me transitan con las brisas y el silencio que me regalan: aprendida su lección, el invierno y sus primaveras hacen conmigo  los ancestros que fueron en las vocales  del hórreo: contra los elementos, para mí una pizca del saber  que da aliento al amor con las sombras del vivir, y  la memoria de sus nombres en la despensa del corazón. 



Una profunda reflexión sobre la España de siempre, ejemplificada en el fusilamiento de Leopoldo Alas, el hijo de Clarin. Era un hombre justo y bueno que amaba los libros. Sin rencor por la madurez, el autor nos pone delante de los ojos las barbaries del franquismo, sin olvidar las de los otros: historia.
Pero con esta frase:"No fue la guerra lo peor de Franco sino la paz" entendemos mejor y no nos extraña la España de hoy que se divide en dos: LA DE PUERTO URRACO Y LA CATALANA.

domingo, 28 de enero de 2018


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 Una sombra de  las sombras, todas las sombras.
                                   ... como una llama sin sombra
                                                                               J.Bergamín.




Vituperada y dirimida la figura,  es la sombra  de las sombras quien
da  vida  al  volumen  inerte sin nombre hasta que las miradas o esos mundos
de  Dios, vilipendiados por la luz y  sin palabras por la oscuridad,
asoman, como un puede,  al bosque de la vanidad, encendido
  y disoluto  como patio  de la vecindad.

Tintes de tragedia en  un oasis  de sed, así el viajero,
desangelado por la soledad y las pompas de jabón,
cual tropiezos,  cuando huye  del camino que le oprime
los surcos del corazón: ¡ay el pintor! esquina y múltiplo
de la duda, tus  aristas son pinceladas del arte de sumar
cuando quieres  multiplicar y nunca dividir: quien te hace
arlequín, hijo de los diablos azules, es una sombra,
hija de las sombras y  todas las sombras que son
 la ausencia de luz en los lápices que te abren  
como se muere un amor: los dedos que se rompen
cuando un suspiro  vive  como fruto de la extorsión.