domingo, 29 de enero de 2017

Tu dulce habla ¿en cuya oreja suena?

                                                        Garcilaso de la Vega

CELOS  

                  

                                    Dios mío, si existes, haz que esté celoso.”

                                                                                                        N. Ginzburg




El diccionario y mil palabras tóxicas por los celos
no  bastan por  las  víboras que muerden el corazón:  
víctima suya, un alma de cristal y frágil es añicos y murmullo
de silencio  contra el pésame del dolor, su angustia y  los gritos
como árboles  y sus gotas de silencio, tras la tormenta y su acompasar.

Nada como el sufrir contra la ausencia, sin perdón.  Imposible y  todo
en rebelión  contra la tiranía del  vivir, los mil gestos del gravitar
entre la duda y su desesperación: los hábitats de las fieras
que mascullan, en salitre,  la mayúscula del nombre y su definición,
son jaulas  sin barrotes  por  las dentelladas  de un corazón transido. 
Importan  los rugidos   como los bravíos   y su desesperación.
 Fuego imposible, incandescente y amargo
por tanto dolor sin sangre derramada, las miradas
succionan el sonajero  del amor, las mordeduras
de la serpiente con ruidos  de cascabel, como tu risa:
una puerta falsa al vértigo del dolor.

Entonces ¿Cuándo las paz? ¿Cuándo  será brisa
el viento huracanado que rompe las entrañas? ¿Cuándo?
Tal vez de hoy a nunca sea un tiempo ajeno a la finitud.

viernes, 20 de enero de 2017

¿Por qué me quieres? Porque nunca sabes cuando voy a llegar y sin embargo siempre me estás esperando.


Otras miradas.

Todos tenemos nuestra geografía personal; nosotros, un nombre propio, y las 150 personas que consideramos vecinos, tenemos nuestras propias señas de identidad. Las que nos diferencian y nos hacen únicos. Aunque sólo se confirmarán si hay palabras para ellas: quien lee más, pone alguna y quien no lee nada, ximielga los costazos sin saber siquiera de qué le hablan. En ocasiones, estas señas suman cuando alguien nos ayuda a mirar de forma diferente lo que estamos viendo, desdibujado  por la indiferencia y la rutina; no tenemos tiempo de  buscar  el valor intrínseco que personas o construcciones muy nuestras  puedan tener en  nuestro acervo cultural, sabedores que somos de que el conocimiento es la base del amor. Por ejemplo, un patrimonio oculto en nuestro concejo son  los puentes de piedra construidos en el Ss. XIX para permitir la circulación del tren León-Gijón, y que carecen de la señalización que resalte su importancia como recurso  y como monumento en piedra que hizo historia en las comunicaciones de nuestro país; incluirlos en el patrimonio cultural de Lena, sin complejos  y sin reparos, es afianzar la definición de municipio-tránsito que somos. Porque hasta la poesía se hace cargo de estas ciclópeas estructuras ancladas en este concejo, sin tiempo y en compañía siempre del paisaje que lo vio nacer. Y nosotros, hasta la fecha, sin apreciar su importancia local ni regional ni nacional. Pero vamos a lo nuestro. Aunque el puente Tola también está ahí, sin embargo para nuestra geografía personal es el puente de piedra de LA BARRACA el que tiene un icono en el mapa de nuestra alma: perfecto en su construcción, aunque sucio y agobiado por la maleza y los grafitis; anónimo e ignorado y acosado por el otro puente-mastodonte, ejemplo claro del hacer de los “ingenieures” que siempre tienen en boca los presupuestos como argumento para estropearlo todo,  nadie pone en duda, espero, la importancia sociológica, arquitectónica y artística que tiene este puente de piedra como parte fundamental de nuestro  patrimonio. Con una característica propia: nadie sospecha que es un  conocedor discreto tanto  de los pecados capitales  como de  las virtudes cardinales de quienes,  por nacimiento o matrimonio, le pagamos su interés con la indiferencia por miedo a su imposible indiscreción. Pecados como la codicia, hija de la ignorancia, con nombres y apellidos están grabados en el alma de sus piedras, escritos sabe Dios por quien. Lo mismo pasa con las virtudes. La prudencia, por ejemplo, también tiene las suyas aunque menos por ser el nuestro un país de charlatanes. ¡Qué le vamos hacer!.

Pero lo más importante es su significado. El puente de piedra de LA BARRACA tiene su encanto para quienes  son  pensamiento e imagen repetida en la retina de los grandísimos ojos que configuran su forma inamovible: hace suyas, por ciertas,  aquellas palabras escritas por Caro Baroja en 1.977 referentes al futuro despoblamiento rural que se avecinaba para la España vacía de ahora; aquellas en las que anticipaba lo que luego fue una realidad:  “la idea de que la persona que vive en el pueblo está en grado de inferioridad material y espiritual con respecto al empleado obrero de la ciudad, conduce a la ruina de un pueblo o de una provincia”. Lo vio venir y fue testigo de la feroz industrialización que se llevó a cabo en Asturias contra el medio ambiente y contra  las aldeas, que se despoblaron en busca de una vida mejor, normal, para sus habitantes. Y como curiosidad, también tiene una piedra sillar para aquel que marchó de la escuela en busca de una esperanza que hizo suya cuando descubrió una galaxia, por su inteligencia. O está dedicada a quien sabía  que su vida era una disyuntiva y escogió lo otro. Como hay  también para quien marchó con los colores en su corazón y regresó con la pasión en los espejos del alma. En fin, que hubo para todos, con la imposta correspondiente, incluidos quienes buscan el descanso en la paz del silencio eterno. Es verdad que ahora tiene menos problemas para hacer sus listas por las consecuencias del capitalismo anglosajón que, con la modernidad líquida como filosofía, tan devastadora,  nos quiere convertir en los robots de carne y hueso que les interesa a su economía del  beneficio, sin importar ni dónde naces ni diferenciarnos, en las relaciones, con el yogurt que nos apetece y tiramos después de comerlo. No importa;  seremos como les convenga. Y  poco a poco, como el aire que respiramos, harán  de nosotros  seres cuyas vidas virtuales serán un simple algoritmo. A tiempo de verlo estamos. Sin  embargo, el puente de LA BARRACA, como siempre,  seguirá ahí  como icono de otras almas que ya no seremos nosotros. ¡Que Dios nos coja a todos confesados!

domingo, 15 de enero de 2017


El dolor de los otros también es sufrimiento. 





La niña de Begoña


Es mi vida porque tiene mi nombre. Es la sangre del alma
que rompe mi corazón. Y con la niebla del polvo y sus explosiones,
mis lágrimas son ciervos que huyen con  el pavor en sus pezuñas,
aladas como  gráciles  mariposas  a las que susurra el viento  
de  una pesadilla. Mis dedinos  son las manos de la angustia y su  amanecer.
Agarrotados y sucios, llenos del  hambre irracional  por la violencia,  
cuando me llaman, contesto y me dicen Alepo, un jardín y sus peces
negros como las palabras que hacen labios transidos por el dolor.

Cuando tus formas me hacen cuerpo de mujer y color desvaído,
Y  haces de mis cabellos una lluvia suave como peine   de los vientos,  
¿ a quién supones que miran mis ojos si tu me los  haces
de sombra y clavel? Por favor, acúname;  méceme o susúrrame y háblame
con tus lápices que dicen de tus pensamientos de madre, tus sentimientos.
Dame tu vida, créceme. Ponle tu piel a mi figura, entrégame a tu nombre,  y
si  lloras conmigo,  donde el mundo es Alepo, llevará tu nombre,
Begoña, hacedora de mi vida y de mi esperanza y de mi amor, tu niña.