miércoles, 6 de diciembre de 2017







  POR FIN
           Unas nubes redondas, blancas, pasan lentamente sobre el cielo azul en la lejanía. Azorin
               
Mejor la muerte que vivir sin amor. ¿Será, sin el rayo,
la torre de azul más piedra  para sobrevivir? Estrecho
lazo de muerte para resucitar la vida y buscar el trallazo
que pare el golpe del abrazo: dignidad para tanto nombre
que se esconde en la estampida del beso,  nunca de rutina,
labios ofuscados que son colores del corazón  para el alma.

Te hablo con la sangre, en el rincón de Asturias
que sabes displicente,  donde la miseria mastica
 los sentimientos; los piensa retales y  hacen
del amor un traje raído, pana desvaída
y sin botones, con lamparones de la desidia
en los ojos. Son así: quienes succionan la vida
en nuestro corazón son la envidia y su amiga,
sin duda, la mezquindad: los de siempre.

Es lo mismo. Allá ellos. Somos  tu y yo, y lo sabemos:
esa fuerza corregida por el roce  que revive
la palabra, nuestro fuego, el tacto y la brisa,
la fatiga del tiempo  cuando  sus pasos buscan
las huellas de nuestros dedos. Nuestro ámbito
es la vida y los cielos de tus ojos, sus tormentas,
esas nubes juguetonas que nos miran hoy como
sombreaban, en tiempos, el huerto de Melibea,
donde los amantes se decían, como nosotros,
de hoy para mañana … y siempre. Y miraban
al cielo donde eran, contra el olvido, palabra
en el tiempo, contra la muerte: por fin.

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