martes, 20 de febrero de 2018

Un homenaje a esta lengua patrimonial nuestra que vive en la tormenta intespestiva que nos maltrata. 

X A R A Z Á

Un cuerpo aterido. El señuelo y un alma de algodón. El murmullo
del viento con frío y el granizo atemperando  la ira del corazón:
en el camino, por un instante, un nombre para un paraje
y esa sangre fluida para el recuerdo en aquella xarazá.
  
Imprevista y  oculta a los ojos de la razón,
llega y me empapa de los que fueron aquí,
en el momento, antes que yo y la sufrieron y la hicieron
palabra que anida donde otras,  en su compañía,
como acervo del pasado con rescoldos del amor.

Como  xanzaina y  cientos  más que son latín con toques
 de imaginación;   me llegan y  pasan como las nubes
que respiran agua como las sombras del viento. Siempre
estuvieron. Arrebujadas en el silencio, son  
fuego con  hambre en el llar cuando la noche
abriga con  su  calor la salmodia del  calecer.

 Y seguirán y harán tiempo para ser mañana
hasta la lentitud que se esconde en  labios con  sabor a miel.   

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